Comer es un placer

Comer es un placer

Comer y alimentarse son cosas diferentes. Desde un punto de vista biológico nos alimentamos cuando aportamos a nuestro cuerpo la suficiente y adecuada ingesta de nutrientes, es decir de hidratos de carbono y grasas, proteínas, vitaminas y minerales. Si esta toma diaria de alimentos se hace en relación a nuestro gasto energético y la complementamos con una siempre saludable actividad física, el sistema está en equilibrio y nos encontramos sanos y fuertes.

Dicho esto, comer es otra cosa. Comer es un acto social que nos vincula con los que compartimos mesa. Y ya sabemos lo dados que somos en nuestro país a celebrarlo todo comiendo y bebiendo. Disfrutar de una cena entre amigos, sobrellevar una comida de negocios, disfrutar de un picnic improvisado con nuestra pareja, celebrar un banquete de bodas o simplemente comer en familia.

Queramos o no, comer es una actividad que pauta nuestra vida, ya sea por pura necesidad fisiológica o porque transformemos ese impulso en una elaborada y en ocasiones carísima actividad de ocio.

Pero comer tiene que ver con más cosas.

El rito comienza en la cocina, ese mágico espacio que hasta no hace mucho era el lugar más importante de la casa. Personalmente disfruto cocinando para mis amigos. Descorcho una botella de vino y me enfrasco en lavar, cortar y mezclar todos los ingredientes en un maravilloso risotto por ejemplo. Mi palto favorito. Y si es con jazz de fondo mucho mejor. Pero para ello se necesita tiempo, paciencia y mucho amor. Por eso me dan un poco de pena esas maravillosas cocinas de encimeras carísimas en las que no habita nadie porque nadie cocina. Es como si no tuvieran alma.

Fotografia gastronomica Carmen Marsal 22pequeña

Dejadme que aquí haga un breve paréntesis. Existe gente a quien no le gusta comer. Desconfiad de ellos de inmediato porque suele ser gente arisca, no muy sociable, con poca conversación y problemas para disfrutar de los placeres que la vida te ofrece. Porque yo creo que también comemos para ser felices. Hemos sido capaces de convertir algo básico y funcional en un acto cultural, creativo y placentero.

Es cierto que todo el día vamos corriendo y no hay tiempo para nada. Pero tampoco hace falta complicarse la vida mucho. No hablo de crear arabescos platos de autor. Yodo lo contrario. Puedes finalizar el día con un surtido de quesos acompañado de una copa de vino blanco. O con una creativa ensalada. Eso es la felicidad.

Recobremos pues, esa suerte de alquimia que hemos creado en la cocina y que trasladamos a la mesa donde realmente gozamos de los sabores, las texturas y aromas. Y lo que hacemos al hilo de confidencias y risas que van amenizando las horas.

Los invitados se llevan un trozo de nuestra generosidad, creatividad y esfuerzo. Y Nosotros, como los grandes anfitriones que somos, nos quedamos con la vajilla por fregar. Pero bueno, eso es otra historia.

Artículo de EVA CANO

 

One Comment
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